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La guerra es en serio
PARECE que cuando Rupert Murdoch y sus empleados prometieron darle la pelea al New York Times decidieron no escatimar recursos.
Al despacho de cobertura neoyorquina con que el Wall Street Journal le quiere competir al Times, sumaron la semana pasada un ataque directo al editor en jefe de este último periódico, Arthur Sulzberger. Tal como hizo notar Michel Wolff (biógrafo de Murdoch) en Vanity Fair, el WSJ usó la portada de su suplemento de fin de semana para burlarse del heredero del imperio del Times usando parte de su rostro para ilustrar una nota en que se afirma que las mujeres de países saludables prefieren a hombres de rasgos femeninos (imagen central inferior de la portada).
Si algo deja en claro la actitud del WSJ es que, en sus libros, la idea de potencia sigue siendo la de una masculinidad de vieja escuela. Ahora, a pesar de la puerilidad, la broma no deja de ser graciosa.
La buena mano
No todo es negativo en esta página. El New York Times publica hoy un fascinante artículo sobre un tema que, en manos de un periodista sin talento, sería completamente intrascendente: por qué los estadounidenses y los canadienses tienden a tomar el palo de hockey sobre hielo con manos opuestas.
Además de entretener, la nota firmada por Jeff Z. Klein da la sensación de no dejar espacio sin cubrir. Más que nada, sin embargo, si mérito radica en transformar un detalle aparentemente ordinario en un misterio bien circunscrito.
A veces, informar no es esclarecerlo todo; es reconocer nuestras limitaciones en torno a lo desconocido.
La alquimia del rumor
Todavía no se apagan las llamas de los rumores sobre el gobernador de Nueva York, David Paterson, que lo llevaron a él a tener que salir a defenderse por cuanto medio de comunicación pudiera, y a más de alguno a condenar a Twitter por hacerlas de cámara de eco. Y mientras el artículo que escondería hechos tan terribles que llevarían al Gobernador a renunciar sigue inédito, se busca a los culpables de haber creado una tempestad a partir de la nada.
La semana pasada John Koblin, reportero del New York Observer, hizo un detallado recuento de lo que llamó “el falso ciclo noticioso“. Como se puede ver en este cuadro, el mismo Koblin habría jugado un rol importante, al escribir en Twitter que había oído que venía en camino un “importante y devastador” artículo sobre Paterson:
Hoy salió al ruedo Clark Hoyt, editor público del Times, criticando a Koblin (“el presunto catalizador” del rumor) por escribir sobre el asunto como si fuera “un mero espectador”, y defendiendo la postura del periódico de no desmentir las versiones que circulaban, porque ello les habría dado un aura de verdad.
Según él lo único que le corresponde al periódico es seguir trabajando en el artículo, para publicarlo una vez esté completamente terminado.
Pero, tal como sugiere la réplica de Gawker (otro medio involucrado en acrecentar el rumor) a la columna de Hoyt, no es tan sencillo. Por mucho que sea razonable decir que nada es más serio que publicar el artículo sólo cuando esté terminado, el Times pudo haber acallado los rumores que circulaban sobre el político con un par de líneas. El haber guardado silencio puede hablar de rigor periodístico, pero, además de alimentar los rumores, le dio publicidad al periódico y su inédito artículo. Por eso, la crítica que Hoyt le hace a Koblin se le aplica doblemente al Times: nadie menos que el diario puede jactarse de ser alguien que iba pasando por la vereda de enfrente.
Un cisma de 140 caracteres
Las peleas acerca de los méritos y peligros de Twitter son tan viejas como ese servicio. Pero una de las más elegantes es la que se ha dado en los últimos días entre George Packer, periodista de asuntos internacionales y culturales para el New Yorker, y Nick Bilton, quien escribe y diseña tecnología para el New York Times.
Todo comenzó el 29 de enero con “Stop the World“, una columna en que Packer, reportero de guerra, escribía que la imagen más terrorífica del futuro que había visto en lo que iba de la década se la había proporcionado una columna de David Carr, también del Times. En ella, Carr afirmaba que Twitter perduraría porque permitía una distracción y flujos de información constantes, llamando al servicio de microblogueo “crack para adictos a los medios”.
Bilton le contestó el 3 de febrero en su blog del Times, argumentando que Twitter se había convertido en la fuente de información principal para cientos de miles de personas y que estaba robusteciendo los medios. Su conclusión era que Packer le tenía miedo al cambio, comparándolo con quienes se opusieron a la construcción de los ferrocarriles.
Hoy retruca Packer, elogiando los libros, la vieja escuela y el tiempo para la reflexión, y diciendo que “cualquier periodista que alabe irreflexivamente a Twitter está, en esencia, pidiendo su propia destrucción”.
Compartiendo muchas de las estimas de Packer, hay una cosa que no me queda clara de su último ataque: por qué no explica cómo es que Twitter (o los blogs) serían responsables de la crisis del viejo modelo de los medios, ni cuál sería la alternativa. Al no molestarse en intentarlo, Packer termina este round sonando como el millonario que no entiende cómo es que su capital se esfuma en una crisis bursátil, pensando que era una especie de derecho de sangre. Con ello, consiguió hacer que el New York Times pareciera un medio joven y cuasi obrero, hazaña nada de despreciable.


