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La guerra es en serio
PARECE que cuando Rupert Murdoch y sus empleados prometieron darle la pelea al New York Times decidieron no escatimar recursos.
Al despacho de cobertura neoyorquina con que el Wall Street Journal le quiere competir al Times, sumaron la semana pasada un ataque directo al editor en jefe de este último periódico, Arthur Sulzberger. Tal como hizo notar Michel Wolff (biógrafo de Murdoch) en Vanity Fair, el WSJ usó la portada de su suplemento de fin de semana para burlarse del heredero del imperio del Times usando parte de su rostro para ilustrar una nota en que se afirma que las mujeres de países saludables prefieren a hombres de rasgos femeninos (imagen central inferior de la portada).
Si algo deja en claro la actitud del WSJ es que, en sus libros, la idea de potencia sigue siendo la de una masculinidad de vieja escuela. Ahora, a pesar de la puerilidad, la broma no deja de ser graciosa.
Calidad versus clicks
UNO de los debates más interesantes sobre el futuro de los medios escritos en Internet fue gatillado por la despedida de John Carney del Business Insider la semana pasada. A pocos días de la salida del bloguero de finanzas, la polémica explotó en Twitter como un duelo de ingenio y veneno entre el bloguero de negocios de Reuters, Felix Salmon, y el responsable de la salida de Carney, el propietario del Business Insider, Henry Blodget.
En debate estaba si había sido una idea sensata el deshacerse a un periodista de calidad como Carney por no generar suficientes vistas de página con sus textos (i.e. suficientes ventas de publicidad). Blodget defendía la necesidad de financiar su negocio con periodistas que generaran contenido rentable, mientras que Salmon lo acusaba de no entender que la única forma de hacer un sitio de Internet exitoso a largo es generando contenido de calidad, lo que a su vez capturaría una audiencia fiel. (Un resumen del debate por Twitter, según Blodget, puede verse acá).
La trifulca siguió después con un “Tweetifesto” de Blodget, en que explica cómo funciona su negocio. Podemos resumir sus argumentos así:
- Sostiene que Salmon atacó al Business Insider por “producir el contenido que sus lectores desean leer”.
- Desmerece críticas como la de Salmon diciendo que sólo podían provenir periodistas de grandes medios de comunicación, que generaban parte de sus ingresos por “viejos modelos de negocios”, no basados exclusivamente en avisaje, como deben hacer los medios online. (Apunta que, en el caso de Salmon, su trabajo en Reuters se financia gracias a terminales de información de negocios en Wall Street, no directamente por la publicidad que generen sus textos).
- Rechaza que su publicación no produzca textos largos y profundos y sólo se dedique a la trampa de transformar textos en diapositivas, o atraer lectores con fotos impactantes y que no tienen nada que ver con el texto (como la que ilustra esta página).
- Que, en fin, Salmon no entiende cómo se financian los nuevos medios de comunicación en Internet y que básicamente consiste en (a) vender avisos publicitarios; (b) que un periodista que gana $60.000 anuales (un sueldo promedio en Nueva York) necesita, entonces, generar 500.000 visitas mensuales ($60.000 : 12=$5.000 mensuales, a $10 pagados por cada 1.000 visitas de página) sólo para cubrir sus costos; (c) esa cifra sube si se consideran sus beneficios ($10.000 más) y los costos administrativos y de inversión, concluyendo a que cada bloguero debe generar 1.800.000 visitas mensuales para conservar su puesto de trabajo.
- Conclusión: “Por todo lo anterior, me gustaría que los periodistas que los periodistas que predican desde despachos que no se financian exclusivamente con avisos publicitarios fueran más comprensivos al momento de burlarse del contenido de un sitio de Internet“.
Ayer domingo, Salmon replicó, acusando a Blodget de “malinterpretar groseramente” sus puntos de vista, explicando su teoría económica de los blogs, “Blogonomics“:
- Comienza afirmando que Blodget demuestra no entender cómo se bloguea, porque critica sus comentarios sin incluir ni un solo vínculo a los textos que está comentando (y que malinterpretaría con sus palabras).
- Asegura que con su razonamiento meramente económico le da la razón: para él todo el contenido en línea sería medido exclusivamente por el número de visitas que genera, no por su calidad o capacidad de lograr una audiencia.
- Sostiene que ese modelo de ir solamente detrás de generar clicks ya está obsoleto en Internet y que es perjudicial a largo plazo. Cita como ejemplo la evolución de Gawker, en que a los escritores se les exigía un número de posteos por día, medida que ha ido evolucionando.
- Sugiere que la forma correcta de hacer crecer a largo plazo las publicaciones en línea es genear una audiencia cautiva, que se puede rentabilizar por otras vías (como organizando conferencias pagadas con columnistas) o sindicando los textos del sitio.
- Por ello, afirma que, si fuera un inversionista en el Business Insider, no le preocuparía tanto el número de visitantes sino variables como quiénes son sus lectores, cuánto tiempo pasan en el sitio y cuántas veces regresan a él.
- Conclusión: “Los periodistas son centros de costos: uno invierte en ellos para atraer lectores de alta calidad. Si un periodista consigue eso pero el empleador tiene problemas para capitalizar a su audiencia, no hay que culpar al periodista pidiéndole que aumente sus números de vistas de páginas. Eso se puede comprar, pero una audiencia fiel necesita ganarse, y es ahí donde los periodistas como [el despedido] Carney son invaluables”.
¿Mi veredicto del debate, aún siendo periodista y sin haber manejado nunca un medio de comunicación? Gana Salmon, por mucho. La visión a largo plazo, de potenciar la marca y generar una audiencia fiel, es esencial en cualquier negocio, pero sobre todo en los medios de comunicación. Que el propietario de un medio de comunicación que se dedica a cubrir negocios pretenda obviarlo resulta irónico.
Por otra parte, que los periodistas actualmente tengamos que ser en parte empresarios no puede significar que la principal preocupación de nuestro trabajo sea ser populares. No estoy hablando de una idea romántica y añeja de reporteros esperando la inspiración para la pieza perfecta en la mitad de la noche con un vaso de whiskey, o que se pasan días esperando una pista de Garganta Profunda. Estoy hablando simplemente de preocuparnos de lo qeu define a la profesión: investigar, analizar, informar. Ése es el verdadero negocio.
La buena mano
No todo es negativo en esta página. El New York Times publica hoy un fascinante artículo sobre un tema que, en manos de un periodista sin talento, sería completamente intrascendente: por qué los estadounidenses y los canadienses tienden a tomar el palo de hockey sobre hielo con manos opuestas.
Además de entretener, la nota firmada por Jeff Z. Klein da la sensación de no dejar espacio sin cubrir. Más que nada, sin embargo, si mérito radica en transformar un detalle aparentemente ordinario en un misterio bien circunscrito.
A veces, informar no es esclarecerlo todo; es reconocer nuestras limitaciones en torno a lo desconocido.
La alquimia del rumor
Todavía no se apagan las llamas de los rumores sobre el gobernador de Nueva York, David Paterson, que lo llevaron a él a tener que salir a defenderse por cuanto medio de comunicación pudiera, y a más de alguno a condenar a Twitter por hacerlas de cámara de eco. Y mientras el artículo que escondería hechos tan terribles que llevarían al Gobernador a renunciar sigue inédito, se busca a los culpables de haber creado una tempestad a partir de la nada.
La semana pasada John Koblin, reportero del New York Observer, hizo un detallado recuento de lo que llamó “el falso ciclo noticioso“. Como se puede ver en este cuadro, el mismo Koblin habría jugado un rol importante, al escribir en Twitter que había oído que venía en camino un “importante y devastador” artículo sobre Paterson:
Hoy salió al ruedo Clark Hoyt, editor público del Times, criticando a Koblin (“el presunto catalizador” del rumor) por escribir sobre el asunto como si fuera “un mero espectador”, y defendiendo la postura del periódico de no desmentir las versiones que circulaban, porque ello les habría dado un aura de verdad.
Según él lo único que le corresponde al periódico es seguir trabajando en el artículo, para publicarlo una vez esté completamente terminado.
Pero, tal como sugiere la réplica de Gawker (otro medio involucrado en acrecentar el rumor) a la columna de Hoyt, no es tan sencillo. Por mucho que sea razonable decir que nada es más serio que publicar el artículo sólo cuando esté terminado, el Times pudo haber acallado los rumores que circulaban sobre el político con un par de líneas. El haber guardado silencio puede hablar de rigor periodístico, pero, además de alimentar los rumores, le dio publicidad al periódico y su inédito artículo. Por eso, la crítica que Hoyt le hace a Koblin se le aplica doblemente al Times: nadie menos que el diario puede jactarse de ser alguien que iba pasando por la vereda de enfrente.
Ignorancia y homofobia
El jucio por agresión y abuso sexual que por estos días se sigue contra tres policías (uno como autor, dos como encubridores) ha demostrado que, incluso en Nueva York, la ignorancia y el odio velado contra los homosexuales no eluden a los periodistas.
El presunto delito de abuso sexual habría consistido en introducir el bastón policial en el ano de Michael Mineo, detenido por fumar marihuana. Pero casi ningún periodista nombra el delito por su nombre hasta muy avanzado el texto; algunos ni siquiera lo hacen. El culpable de la omisión es el verbo “sodomizar” que, con su carga moral y emotiva, deslumbra a los redactores.
Claro, no está del todo mal decir que los policías “sodomizaron” a la víctima. El problema son titulares como éste, de El Diario:
El hablar de “juicio por sodomía” sugiere que lo que se está castigando es el acto sexual en referencia, lo que no sólo es incorrecto, sino también sugiere ignorancia u homofobia. Todo reportero medianamente informado debiese saber que, como cualquier acto sexual, la penetración anal puede ser voluntaria y no es en sí un delito en Estados Unidos. (La Corte Suprema declaró inconstitucional cualquier ley que penalizara la sodomía en 2003).
Pero lo que pudiese ser mera ignorancia o pobre redacción adquiere otros tintes cuando se leen descripciones de la homosexualidad como la siguiente, aparecida en la sección de chismes del mismo periódico:





